Trabajo de investigacion para seminario "El estatuto del fenomeno en la nueva fenomenologia francesa" - "De la situacion, el cosmos" - Da silva, Esteban
De la situación, el cosmos: el entrelazo entre
Merleau-Ponty y Renaud Barbaras
En el presente trabajo mediremos el
alcance de las críticas que realiza
Renaud Bárbaras a Merleau Ponty alegando
– en beneficio de respetar la figura verdadera de la fenomenalidad- una
descripción defectuosa y excesiva por
parte del primero, en el concepto de Carne. Para eso volveremos a Fenomenología de la percepción -más
precisamente a las nociones de espacialidad
de situación en relación al campo
fenomenal- e intentaremos probar que dicha nociones fungen como
prefiguración de la pertenencia tal
como la interpreta Barbaras. Así, nuestro objetivo general de la investigación
se define de la siguiente manera. Primero reflexionar en torno a la pertenencia
del sujeto al mundo, a través de una reconstrucción de las articulaciones que
se dan en el fenómeno de reversibilidad. Y segundo, a partir de allí, poder
establecer matices y deslindes respecto a dos nociones capitales para Barbaras;
la dinámica de la manifestación y el fenómeno de mundificación, ambas como dos manifestaciones del fenómeno
entendido como un acontecimiento de sentido.
Palabras clave:
Merleau-Ponty-Barbaras-Fenomenología francesa-Situación-Carne-Mundificación
Así
como en el inicio de la sección del Espacio en Fenomenología de la percepción Merleau Ponty allana camino hacia una nueva concepción de
la intencionalidad , en Fenomenología de
la vida Renaud Barbaras somete a análisis dicha noción con una propuesta
innovadora, empezando por su distanciamiento respecto a Merleau-Ponty, para
reapropiar, interpretar y conformar su propio camino auténtico de reflexión, el
cual es pensar la intencionalidad en términos de relación, y así impugnar la
separación entre lo observado y el observar, a partir de un horizonte primigenio de comprensión, a saber:
la vida.
Desde
la Lewensbelt al mundo de la vida factico Heideggeriano, más allá de
las descripciones merlaupontianas y la figura de auto-afección en Henry,
Bárbaras presenta a la vida como
aquel ámbito primigenio de comprensión olvidado por sus predecesores. Aun
cuando los citados pensadores han podido
reconocer al sujeto como pertenencia, no han podido, asir el carácter originario del vivir. Aunque
ellos tematizan sobre la vida, lo hacen en un sentido precario y secundario, y
es hacia allí donde la reflexión barbarasiana se dirige.
Resulta
interesante pensar en torno al carácter originario del vivir que señala
Barbaras, tan presente en el modo de la latencia y ausente en su tratamiento
por parte de los pensadores que menciona, por lo tanto cabe aclarar, al menos
someramente, que Michel Henry constituye una excepción en la medida que tiende
hacia una fenomenología de la vida con el límite que inevitablemente impone la
idea de auto-afección, la cual franquea la exterioridad y la trascendencia y no
puede más que referirse a sí misma. En cuanto a Heidegger, instala su analítica
existencial en la necesidad de superar la “ingenuidad ontológica que persiste
de Husserl”, al considerar la diferencia del dasein en su modo de ser respecto
de los demás entes, de modo que Heidegger concilia la intramundaneidad del
dasein con su dimensión constituyente; sobre la profundidad de la diferencia
entre el dasein como el existente que en todo caso somos, y los demás entes que
subsisten, de alguna manera, reposa la posibilidad de dar cuenta del aparecer
del mundo al sujeto y en ultimo termino la posibilidad de la correlación.
Ahora
bien, si en Fenomenología de la
percepción se denunciaba que treinta años corrían ya desde Investigaciones Lógicas y todavía se
ignoraba qué era la fenomenología, podría decirse que a partir del giro
teológico denunciado por Dominique Janicaud la cuestión se complejiza aún más.
Depurando el conocimiento de presupuestos, y adoptando una nueva actitud
metafísica, la fenomenología se ha transformado, en su momento francés, en un
camino incesante de nuevos interrogantes, atravesados ya por el surgir de lo
inaparente. Este reside más allá y a la vez más acá de la metafísica de la
presencia, que se ha mostrado siempre agotada en un espíritu constituyente. Es
en este nuevo camino, calificado como “giro” y remitente a un doble movimiento-
de continuidad e inflexión- con la tradición fenomenológica, donde se insertan
las figuras aquí claves; Barbaras y Merleau-Ponty.
[1]
En el marco de dicha discusión
presentaremos el trabajo en tres partes. En una primera sección, introduciremos
someramente las figuras de Barbaras como
Merleau-Ponty, para adentrarnos en las críticas que el segundo recibe del
primero en su tesis doctoral “The being
of the phenomenon”, así como también en su posterior Fenomenología de la vida, principalmente las secciones de carne y quiasmo.
Barbaras denuncia una división
entre sujeto trascendental y empírico en el último trabajo de Merleau-Ponty y
una descripción defectuosa de la pertenencia
en cuanto al concepto de carne, puesto
que habría un exceso de cercanía del sujeto con el mundo y una lejanía irremediable
en cuanto el saldo de Fenomenología de la
percepción es el de un sujeto
escindido de su propio cuerpo.
Para eso trataremos de comprender
el proyecto póstumo de Merleau-Ponty desde el trasfondo ofrecido en Fenomenología de la percepción para pensar, en cuanto al objetivo general del
trabajo, que articulaciones hay entre la inscripción o la emergencia de la
subjetividad del sujeto y su inscripción en el mundo qua campo trascendental, para pensar el fenómeno de reversibilidad y la mundificación como acontecimientos de sentido.
En la parte segunda reconstruiremos
aquello que subtiende Lo visible y lo
invisible rastreando allí algunas huellas seminales contenidas en la propia Fenomenología de la percepción -aquí como clave de comprensión. Lo
cual refuerza la idea de pensar en una continuidad al interior en la obra de Merleau-Ponty dado que ni la
ontología resulta un interés despertado en Lo
visible y lo invisible, ni tampoco se abandonan- en tal proyecto póstumo-
las relaciones entre el sujeto y su pertenencia al mundo como pensadas a partir
del lugar central del cuerpo del sintiente. Además, esta segunda sección, que
retoma las críticas de Barbaras, conduce
a preguntarnos en qué medida la noción de espacialidad
de situación en relación al campo
fenomenal pueden ofrecer una parcial solución a las críticas del propio
Barbaras a Merlau-Ponty. Y, en simultáneo, anticipar, prefigurar y de alguna
manera oficiar de vaticinio en cuanto a la noción de pertenencia recogida y destacada por Barbaras en sus últimos
aportes.
En la tercera y última parte,
reflexionaremos en torno al estatuto del fenómeno, a partir de los
últimos aportes de Barbaras, dirigidos a la pertenencia
como un modo de entender el a priori de
la correlación, para retrotraernos desde allí, al fenómeno de
reversibilidad, tratando de determinar, cual es el alcance y el valor que se juegan
en términos de fenomenalidad en relación con el fenómeno de la mundificacion de Barbaras. Finalmente,
será necesario colegir los puntos centrales del trabajo, para sopesar en las
conclusiones, las ultimas articulaciones mencionadas en torno al estatuto del
fenómeno, trazando allí, la importancia de dichos puntos para pensar el giro
teológico en la fenomenología francesa.
Primer parte: pensar
la pertenencia desde Renaud Barbaras y Merleau-Ponty.
En
Fenomenología de la vida Barbaras
erige a la vida como aquella figura de fenomenalidad originaria que ha sido
olvidada en la tradición fenomenológica. Cuando hablamos de vida hablamos de un ámbito omnipresente,
dado que es el trasfondo de toda descripción fenomenológica como asimismo un ámbito ausente en los tratamientos de sus
antecesores.
El
abordaje de Barbaras invita a pensar con mayor amplitud la unidad del vivir, el
entrelazo fundamental entre vida y vivientes. Por ello, cable aclarar sobre la
nocion de vida, que Barbaras intenta desprenderse de ciertas
caracterizaciones de esta como un estar vivo (leben) o un como un tener vivencias, tratando de invocar el tener
una experiencia ( erleben), más bien
como eprouver (sentir)- para pasar a
considerar al sujeto de la correlación como vivir. De esta manera,
somete a análisis, a su parecer, las limitaciones del abordaje Merlaupontiano, por
su concepción limitada de la vida sustentada en una ontología de la muerte[2].
En
su reconstrucción de la vida encarnada y el cuerpo propio, Barbaras interpreta
que Merleau-Ponty se queda en los límites de una filosofía de la conciencia,
por buscar conciliar la interoceptividad y la experiencia trascendente, lo cual
se patentiza en la postulación de la
carne, la cual hace confundir el sentir del sujeto con el ser del mundo. El
quiasmo, continúa Barbaras, intentaría solucionar la distancia como proximidad
entre la carne del sujeto y la carne del mundo. En consecuencia, el quiasmo
sería un re-bautismo del problema, un nombre nuevo para un viejo problema irresuelto en Fenomenología de la percepción.
Barbaras
encuentra allí la división entre un sujeto trascendental y un sujeto empírico que
tiene como implicancia principal un
marco de lectura dualista sujeto-objeto o conciencia y conciencia-de, que
Merleau-Ponty mismo pone en cuestión en fenomenología
de la percepción, como en Lo visible
y lo invisible, tal como el mismo expresa:” Lo que para nosotros es conciencia originaria, no es un yo trascendental planteado
libremente delante de si una multiplicidad en sí y constituyéndola de cabo
a rabo…]”
Por ello, para Barbaras, la
carne vendría a bautizar, no un modo
de ser del cuerpo, sino un momento en el que el sujeto adviene como carne. En
virtud de ello, la situación espacial del propio sintiente, está supeditada a
la continuidad ontológica con el mundo, de este modo debería entenderse el entrelazamiento y el quiasmo. Dicho análisis, supone que el
saldo de Fenomenología de la percepción
es el de un sujeto como cosa provista
de sensibilidad. Aun cuando Barbaras ve alli una división dualista huelga
reiterar que el análisis
Merleau-Pontyano justamente muestra que no se trata de una relación entre
continente y contenido, o sujeto y objeto, sino que hay una relación de
entrelazamiento, de abrazo, de reciprocidad.
Las
críticas que dirige Barbaras a la noción de Carne
tal como la entiende Merleau-Ponty, tiene dos sentidos. En primer lugar, habría
un exceso de cercanía del sujeto, en relación al concepto de
carne: el reconocimiento a la
encarnación y al carácter irreflexivo del sujeto de la correlación por parte de
Merleau-Ponty, para Barbaras, implican un desposeimiento del sujeto, una
desidentificación en cuanto este se fundiría en el trasfondo ontológico, lo
cual implicaría necesariamente un
abandono de la filosofía de la conciencia, que empezaría a funcionar en Lo visible y lo visible. Contrario a
esto, sostenemos que no hay un abandono en sentido pleno en la obra póstuma de
Merleau-Ponty, dado que la espacialidad
de situación permite mostrar la presencia de un sujeto encarnado frente a
las posibilidades y tareas en función de sus proyectos[3].
Esto se ve claramente exacerbado en su proyecto póstumo, dejando así más de una
dificultad abierta; no obstante, es a partir de ellas que, precisamente, se
halla una riqueza fenomenológica para pensar la noción de espacio en relación
al espacio de configuración planteado por la física desde las primeras interpretaciones
de la mecánica cuántica relativas al entrelazamiento cuántico y a la acción
no-local tan discutida entre Einstein y Bohr.
Considerando
esta primer critica de Barbaras cabe mencionar una nota de trabajo de diciembre
de 1960), donde Merleau-Ponty habla de “mi
cuerpo en lo visible”[4]
(1960, pp-238) lo cual no significa que podamos hablar de un fragmento de lo
visible como si el cuerpo estuviera aquí y lo visible allá, sino que hay un
envolvimiento, entrecruzamiento o ineinander,
no hay incrustación, ni relación de continente a contenido, en relación al cuerpo, continúa Merleau-Ponty “esto
quiere decir: el se ve, es un visible- pero se ve viendo, mi mirada que lo
encuentra allí sabe que está aquí, a su lado- De tal modo, el cuerpo es erigido
de pie ante el mundo y el mundo de pie ante el, y hay entre ellos una relacion
de abrazo”.
En
consecuencia, no sería correcto decir que la descripción del cuerpo propio
llevada a cabo por Merleau-Ponty se sitúe “entre una conciencia transparente
para sí misma y un puro fragmento de materia. Ya que el parentesco ontológico
entre el cuerpo y el mundo develado por la carne, la cual funciona como un
“tejido de la fenomenalidad” (2008,
pp-30) no implica una relación de identidad. En efecto, “sostenemos que el
nivel espacial no se confunde con la orientación del propio cuerpo” (1945,
pp-264), sino que , parafraseando, hay una competencia o una puja entre la
posibilidad de constitución corporal y la de los otros factores de experiencia
que abonan la apertura a considerar una independencia latente entre la
configuración espacial del cuerpo y lo que “está por fuera” o alrededor de
este.
En
suma, éste no se trata de una cosa en el espacio objetivo, sino de un “cuerpo
virtual cuyo lugar fenomenal viene
definido por su tarea y su situación”(1945, pp-265) . De esta manera los
análisis del arriba y el abajo que lleva a cabo Merleau-Ponty pueden pensarse
ya no desde una operación intelectual sino desde la situación del propio
cuerpo.
Reafirmamos
la necesidad de volver a la Fenomenología de la percepción, allí
Merleau-Ponty, advierte:” lo que ocurre es que nosotros no estamos en las
cosas, no tenemos más que campos sensoriales que no son aglomerados de
sensaciones colocados ante nosotros[..] sino sistemas de apariencias cuya
orientación varia en el curso de la experiencia” (1945,pp-262)
Este
pasaje vislumbra cierto perspectivismo en detrimento del establecimiento de un
punto de partida efectivo, un ver desde y hacia todos lados.. Y tal movimiento
se observa también en las reflexiones en torno a la profundidad, como aquella posibilidad de la carne, que además
patentiza la imposibilidad de reducir las cosas a la propia mirada, como “una
visión clara como la retención en el presente-sin “intencionalidad” y a su vez “es ella entonces la que hace que las
cosas tengan una carne: es decir, oponen a mi inspección obstáculos[...] la
mirada no vence a la profundidad, la cambia”.- dice Merleau-Ponty en una nota
de trabajo de noviembre de 1959 (1960,pp-194). En nuestra opinión , hay una
confluencia entre el horizonte y la intencionalidad que se acusa en la
profundidad que nuestra percepción puede reconstruir.
Cabe
agregar que la crítica al intelectualismo y al empirismo en Fenomenología de la percepción parte de la consideración de que ambos marcos
interpretativos hacen del espacio- más
precisamente del arriba y el abajo- una abstracción, producto de un
teleologismo basado en un espíritu constituyente que direcciona el fenómeno
espacial; el intelectualismo se queda en la relatividad de esa representación
del arriba y del abajo, en el “como si” de la experiencia, que considera a ambos
como un contenido de conciencia mientras que Merleau-Ponty habla de un nivel que se
antecede a sí mismo, de manera que “arriba” y al “abajo” referirán a intenciones al vacío, nombres para nombrar una
cierta orientación sensorial. Lo que sostenemos es que esta observación
respecto a cómo el campo visual no puede reducirse a las operaciones del sujeto
implica la idea del campo fenomenal adquiriendo y a su vez, performando, su propia
orientación, lo cual está en estrecha relación a la carne, como aquel tejido
fenoménico. Tal como refiere en Fenomenología
de la percepción respecto a aquel: “suelo
perceptivo, un fondo de mi vida, un
contexto general para la existencia de mi cuerpo y del mundo”(1945,pp-266).
Merece
ser tenido en cuenta, en relación a la primer critica al concepto de Carne que
realiza Barbaras , en “the flesh as
visibility” , su tesis doctoral , The
being of phenomenon in mp ontology, reduce la capacidad fenoménica de la
carne a su carácter visible. El tratamiento en términos de lo visible o lo invisible, inaugura o más bien
potencia, una metafísica de la presencia en la medida que el horizonte es
concebido mediante escorzos cuando más bien se trata de una existencia
generalizada que va mas alla de lo visible, siendo en lo visible. De allí la necesidad de remarcar los distintos
niveles fenomenológicos que abona la corporalidad en función de la totalidad de
las modulaciones perceptuales, tales como la audición o el tacto que abren
mundos táctiles más allá de lo visible en carne y hueso (leibhatig). Podría ser interesante ahondar en la posibilidad de la
carne en terminos auditivos en cuanto al contenido no conceptual de la
percepción de un sonido o alarma que depende mi situación se escuchara con
menor o mayor frecuencia, dependientemente del lugar y el espacio que habite, y
sin embargo podre inteligir que se trata de una alarma, un animal, un estilo
musical.
Bajo
esta trama relativa a la imbricación profunda entre el sujeto y su
campo fenomenal en el marco de una situación, puede pensarse el acercamiento a
un realismo ingenuo que de alguna manera denuncia Barbras en las descripciones
fenomenológicas de Lo visible y lo invisible, de suerte que encontramos motivo
suficiente para el señalamiento de Barbaras
al denunciar la absorción del sujeto por la carne, que haría fundir al ser del
sujeto con el ser del mundo, insertando a aquel en el medio de este.
Este
último expresa “entender la encarnación de la visión como la presencia objetiva
del cuerpo dentro del mundo equivaldría a restaurar la positividad en la visión
misma “ (1991,pp-185) Pero entender esto sin prestar atención a las nociones
que antes mencionábamos de la segunda obra de Merleau-Ponty, puede llevar a una
descomposición de su pensamiento. Es precisamente la percepción la que
muestra-deficitaria e inacabadamente-la constitución previa al encuentro con el
mundo, como conocimientos presupuestos en el encuentro con el ser (1945,pp-267)
, por ello “la experiencia perceptiva nos muestra, al contrario, que esos
hechos están presupuestos en nuestro encuentro primordial con el ser, y que el
ser es sinónimo de estar situado, de ser en situación”
(1945,pp-267). De modo que no
podemos ni reducir la fenomenalidad a la percepción ni tampoco pensar que el
sujeto se halle diluido en el trasfondo ontológico, porque somos precisamente nosotros los que
nos hemos colocado como el origen de los niveles espaciales y nuestras experiencias
(1945,oo-269).
Así,
la dificultad por determinar un punto de partida no refiere a un anonimato del
sujeto que se vería fundido en el espacio, sino más bien, la idea radical de
que no existe ningún espacio, pero no en el sentido kantiano, esto es, como una
forma pura de intuición (que suprimiría la trascendencia y a la vez la
exterioridad del mismo). Sino en el sentido de un espacio cuyas dimensiones son
insustituibles, una espacialidad homogénea e isótropa que abre la posibilidad
de pensar al espacio como “un sistema indivisible de los actos de vinculación
que lleva a cabo un espíritu constituyente” (1945,pp-259). Un espacio más allá
de las determinaciones geométricas, como un resultado pero que a su vez causa y
constituye aquello que sustenta la división entre una conciencia y la
naturaleza, tal como sostiene Merleau-Ponty en l’structure du comportament, su primera obra. Es, ciertamente, una
espacialidad existencial, verosímil a la
zona
o paraje heideggeriano pero radicalmente
diferente al recuperar aquella dimensión
corporal-kinestesica, del sujeto de la correlación siempre imbuido en su
espacialidad circundante.
Entendido
así, el espacio corporal(1960, pp-128),
mundo táctil , o campo fenomenal (1945,pp-73)
que nos plantea Merleau-Ponty alcanza para pensar la unidad de la experiencia
como un contra-argumento respecto a la denunciada división entre una “conciencia de” y un
objeto, partiendo del hecho de que el cuerpo no es un objeto entre los objetos,
sino el cuerpo sentido y vivo del sujeto perceptor, que está encarnado en un
mundo material que le adviene, Tal como
la vivencia que sedimenta y da sentido a la intencionalidad motriz y el
arco intencional, de igual modo las relaciones espaciales que dan lugar al “yo
puedo” del sujeto, exhiben el sentido fundamental de la pertenencia, como
profundizaremos en la segunda parte del trabajo.
De
este modo, la cercanía que denuncia Barbaras se diluiría al entender que el
cuerpo no es un fragmento de materia más con el plus de la sensibilidad- siguiendo
su reconstrucción de fenomenología de la
percepción-si entendemos que el sujeto está en la situación espacial a
partir de sus proyectos y sus posibilidades, su existencia en sí misma, esto
significa que hay una multiplicidad de entrelazamientos. Esta condición es
vehiculizada por la intencionalidad motriz, que es producto sinérgico de la
correlación con las cosas y no permite reconocer a un sujeto en relación de
identidad con los entes trascendentes o el mundo mismo. El sujeto no se reduce
a una parte material del mundo, ni a una conciencia pura, sino a las
posibilidades que abre la espontaneidad de su cuerpo con toda su singularidad.
Es por ello que la crítica por cercanía que le achaca Barbaras a Merleau-Ponty
(2008,pp-93) puede ponerse en cuestión, no
obstante, no nos exime de considerar la riqueza del señalamiento y la totalidad
de la crítica.
La
primer critica al concepto de carne refería a una cercanía irremediable del
sujeto al mundo, mientras que la segunda critica-implicada con la primera- refiere a la lejanía que instancia el
concepto de carne, lo cual cobra
sentido a partir de su tesis da habilitación, The being of phenomenon in Merleau-Ponty ontology, como así también en su Fenomenología de la vida. En ambos
textos se acentúa lo expresado en Le estructure du comportament, respecto a
“comprender las relaciones entre la conciencia y la naturaleza”. Cosa
que es es acertada, si por ejemplo consideramos la noción Merleau-pontyana del espacio espacializado como aquel espacio
geométrico, reductible a dimensiones matematizables, mientras que el espacio espacializante, “vive gracias a un sujeto que las describe (las dimensiones) y que las lleva” (las
bastardillas son nuestras). Pero el problema aparece al interiorizarnos en esas
dimensiones compuestas, que no son ni pura espacialidad ni pura representación
figurativa, sino una “tercera espacialidad” (1945, pp-263). Es precisamente
aquel ámbito que no encaja ni en la rúbrica de la naturaleza ni en el de la
conciencia, el que señalamos para poner en cuestión la observación de Barbaras,
porque el idealismo que este último observa en Merleau-ponty respecto al
encierro de la conciencia en si misma ya lo hemos discutido.
No
obstante, debemos señalar siguiendo a Jaime Llorente (2014,pp-86), que en su
segunda obra el de Rochefort no renuncia a concebir la naturaleza
holísticamente, pero comienza a presentir “ tras la trama recíprocamente causal
de los Sachverhalte (“estado de
cosas”) mundanos, una dimensión extraña al pensar tético y reflexivo, un
trasfondo ontológico que subyace en la percepción de todo objeto singular”.
Dicho
reconocimiento pre-personal e irreflexivo del sujeto de la correlación ofrece razones
para dar crédito a la crítica de Barbaras, en cuanto al anonimato del sujeto. Pero
tal como sostiene Merleau-Ponty en una nota de trabajo del 1959, los problemas
en relación con las palabras utilizadas como: cosa-elmundo-el ser y lo
negativo-elcogito-otro-el lenguaje, “ se deben a que conserve en parte la
filosofía de la conciencia” (1960, pp-164). Lo cual deja de manifiesto los
problemas respecto al “cogito tácito”, sobre el cual dirá que “lo que llamo el cogito tácito es imposible”
(1960,pp154) poniéndonos en evidencia de la falta de conceptos para describir dicho fenómeno, de no
tener las palabras. Lo cual lleva a preguntarnos en qué sentido Merleau-Ponty
termina siendo consistente con sus propios descubrimientos.
En
este sentido el problema del cogito tácito y la lejanía que da lugar la encarnación,
diluye al sujeto en el medio del mundo, con su cuerpo siempre de su lado, distanciándolo.
Siguiendo a Barbaras, el anonimato del cuerpo vendría a estar dado porque su
sentir se confundiría con el ser-sentido del mundo. Siguiendo a Barbaras, sería fácil analogizar la carne a la
sustancia (al mejor estilo Spinoziano) que a partir de la percepción del sujeto
de la correlación se vería afectada haciendo aparecer al ser a partir del
quiasmo. En este concepto se concentrarían dos movimientos contrarios: uno del
cuerpo, del sentir hasta el mundo y otro en sentido ascendiente, del mundo
hasta el ser sentido.
Esta
interpretación de Barbaras sostiene que la visión es correlativa a la
visibilidad intrínseca del mundo, a partir de un cuerpo que realiza la misma.
Pero no se trata de mi visión frente a la visión de una otredad, una visión general
(2008,00-93). En efecto, la interpretación de Barbaras nos lleva a entender que
el hecho de que el sujeto tenga una carne, lo sitúa “de los dos lados”, ante (devant) el mundo y más acá (en-deça) del mundo. En consecuencia, creemos que es interesante
como Barbaras acierta al señalar que habría que distinguir en el planteo
merleaupontiano entre la subjetividad del sujeto (que se confunde con el ser
fenoménico del mundo), de su existencia (que Barbaras la identificaría con la
carne o la pertenencia) como condición de esa fenomenidad, porque es lo que
motiva este trabajo a indagar en la trama Merleau-pontyana como se juega la unidad
de la experiencia en Merleau-Ponty que Barbaras no encuentra.
Por
otra parte, Merleau Ponty dice que la inversión del mundo se da entre las “dos
hojas del cuerpo”, y Barbaras interpreta al cuerpo en tanto veedor-sentir y
como pertenencia al mundo-carne; esto mostraría al cuerpo como parte material
de la carne. (Recordemos que Merleau Ponty dice taxativamente que la carne no
es materia, ni idea, sino más bien elemento, tal como lo usaban los antiguos)
Dicho concepto mostraría que la reversibilidad es “siempre inminente y nunca
realizada de hecho”, de modo que lo que hay es un horizonte exacerbado, un ser
de porosidad “de potencialidad (1960, pp-134) marcando que toda idea tiene una profundidad.
Ahora bien ¿qué quiere decir con esto Merleau-Ponty? Tal como sostiene en una
nota de trabajo fechada en noviembre de 1959 (1960,pp-194) la profundidad es el
medio que tienen las cosas para permanecer claras, para permanecer cosas, al
mismo tiempo que no son lo que yo veo actualmente”.
En
fenomenología de la percepción, dirá respecto a la profundidad:” que al igual
que todas las demás relaciones espaciales, solamente existe para un sujeto que
haga su síntesis y la piense” (1945,pp-270) Con dichas indicaciones, Merleau
Ponty nos indicaría abandonar el sitio desde donde percibimos para pensarnos en
una relación de ubicuidad. Es el redescubrimiento de esta visión de la
profundidad, lo que llevaría a una superación de las alternativas clásicas y
que permite entender la unidad entre el sujeto y el mundo.
Partiendo
de estas indicaciones es posible reconstruir como direcciona su reflexión Merleau-Ponty en su obra póstuma. Delante de aquel trasfondo, del cual el sujeto parecería estar
completamente fundido, está el sujeto, motivado en reciproca relación con el
mundo, tal como los análisis de la magnitud aparente y la convergencia en FDP, muestran
que la sensación y la síntesis “ vienen indicados o recomendados por los
fenómenos”(1945,pp-278), lo cual, a nuestro juicio alcanza para problematizar
en torno a incluir a este Merleau-Ponty dentro del giro teológico antes de Lo visible y lo invisible en cuanto
podría pensarse ese advenir cárnico en un sentido independiente de la
apodicticidad de la conciencia del sujeto.
El
aserto de incluir o no las reflexiones de Fenomenología
de la percepción en el giro teologico parte de la relación que podría
establecerse con la auto mostración del fenómeno señalada por Heidegger en el
parágrafo 7 de Ser y tiempo y que
junto con sus últimos aportes, serán conditio
sine qua non para el giro teológico;
la automostracion del fenómeno por si mismo encuentra sus ecos en los análisis
de la distancia y magnitud aparente que realiza Merleau-ponty. En efecto, que
los fenómenos vengan recomendado por si mismos ya habla de un horizonte de
donación absoluta que habría avizorado Merleau-Ponty en fenomenología de la
percepción, aunque, es menester aclarar que no hay un tratamiento taxativo ni
expreso del aparecer como tal o de la manifestación.
Volviendo
a la distinción necesaria que señala Barbaras entre la subjetividad del sujeto
y su existir, Merleau-Ponty señala en Fenomenología
de la percepción, que es necesario que la experiencia no sea nada o que sea
total (1945,pp-273). De ser la segunda opción, generaría problemas en tanto las críticas de Barbaras remiten a las experiencias como vivencias que son siempre
para un sujeto con sus vivencias propiamente constituyente de
las mismas. Esto abona la posibilidad de considerar que Merleau-Ponty no
contara con los conceptos para describir cómo una conciencia constituyente -
que forma parte de una objetividad holística-puede situarse endógenamente para
realizar descripciones. A este respecto resulta relevante cómo Barbaras, en sus
últimos aportes, conduce a entender el aparecer como dinámica de la
manifestación. Ya que, en dichos registros, postula un movimiento-fundamento
que no sería el movimiento de las cosas sino el proceso mismo de la physis como
advenimiento de la esencia, de modo que la subjetividad sería un subproducto de
este movimiento, y ciertamente nos remite a un sujeto ya no en el medio del
mundo como señala el de Rochefort, sino – en nuestras propias palabras- “en el medio del cosmos”.
Nos
parece importante remarcar allí, la presencia de Jan Patocka, fenomenólogo
checo sobre el cual, Barbaras escribirá un conjunto de artículos y dos trabajos
extensos (Le mouvement de l’existence y
l’ouverture du monde), además de dirigir
numerosas tesis doctorales sobre su fenomenología. Bien podría enmarcarse tanto
a Barbaras como a Patocka, como miembros de la última fenomenología, la más
reciente, que pone en cuestión el fenómeno político, como así también la idea
de una “fenomenología asubjetiva”, donde los métodos y los detalles del
aparecer siguen el camino trazado por Husserl, pero podría decirse que con una
purga de la filosofía de la conciencia y una apertura a lo inaparente.
Como
conclusiones de esta primer parte, consideramos pertinente aclarar que la
cercanía señalada por Barbaras en base al concepto de carne, no puede comprenderse sin volver a fenomenología de la percepción. Ya los
análisis del arriba y el abajo, en base a la estesiología y los diversos
experimentos que Merleau-Ponty cita, alcanzan para dar con la situación particular del sujeto que abona una
fenomenalidad no reductible al sujeto ni a la naturaleza, sino a una tercera
espacialidad, compuesta de proyectos, tareas y posibilidades. Es esta
espacialidad la que relacionamos directamente con la carne expuesta en lo visible
y lo invisible, donde el tejido fenoménico uniría el ser sentido del mundo
con el ser sentido del sujeto. En consecuencia, este “exceso de
trascendencia” nos compele a situarnos
en la reflexión de Barbaras al distinguir con conceptos la subjetividad del
sujeto, su propia particularidad como individuo, de su propia existencia como ser del mundo.
Esta manera de pensar aquel enmarañamiento entre subjetividad-objetividad, nos
es indicativa para entender aquella descripción merleaupontiana del cogito
pre-personal, y preobjetivo que completa la reversibilidad abonada por el
quiasmo. Y es así, puesto que no se trata de un sujeto encerrado en su propio
mundo, sino un sujeto encarnado en el campo
fenoménico, es decir, en sus posibilidades para sí y a un nivel
intersubjetivo que lo lleva a transitar por el robusto entrecruzamiento que se
da en la situación, nocion que
profundizaremos en los análisis siguientes.
Espacialidad de
situación como formulación inicial de la pertenencia.
La
tarea fundamental que habíamos delineado para esta segunda parte refería a
continuar en nuestro impulso hermenéutico respecto a volver a Fenomenología de la percepción, haciendo
especial énfasis en la espacialidad de
situación en relación con el campo
fenomenal y nociones referidas a
la sección de la “Espacialidad del propio
cuerpo y la motricidad” y la espacialidad.
Continuamos
así, con el impulso de la primer parte, la cual tenía como objeto tratar de
medir el alcance de las críticas de Barbaras así como su condición de
posibilidad, permeados por el prisma del paso atrás hacia fenomenología de la percepción. En cuanto nuestro objetivo general,
dicha sección, aporta elementos fundamentales para la consideración de la
pertenencia y en último término, hacia los fenómenos
de la reversibilidad y la mundificación,
como figuras para pensar en el fenómeno, en general, como acontecimiento de
sentido, temas que trataremos en la tercer parte.
Ahora
bien, en cuanto a la conexión al interior de este trabajo, hasta aquí
habría una deficiencia en el planteo de Merleau-Ponty dada la lejanía que introduce la noción de carne. El
sujeto no estaría distinguido suficientemente de su existencia en cuanto el ser
sentido del mundo se confunde con el ser sentido del sujeto, lo cual implicaría
un anonimato del sujeto.
Habíamos distinguido que la crítica por cercanía
se diluye en cuanto la situación del sujeto no está en relación de identificación
con su situación ontológica, ya que la particularidad y la forma de pertenecer
al mundo por parte del sujeto viene dadas por sus proyectos, sus posibilidades
y sus tareas en su mundo circundante. Mientras que la crítica por lejanía de
Barbaras señala un ensimismamiento del sujeto en su propio cuerpo, el cual
estaría más acá pero también más allá de sí mismo y su pertenencia al mundo
estaría dada en cuanto el sujeto existe como carne y es por eso que es ya un
cuerpo.
Para colegir el alcance de las
criticas debemos considerar, como primer término que no puede entenderse la espacialidad de
situación tratada en “la espacialidad del propio cuerpo y la motricidad” sin
relacionarla con la espacialidad de la cual Merleau-Ponty nos habla mas
adelante en Fenomenología de la
percepción y que también será objeto de análisis en sus cursos y
manuscritos. En El mundo percibido
declara como ha cambiado la forma de vivir el espacio cuando “con las
geometrías llamadas no euclideanas, se llega a concebir el espacio como una
curvatura propia, una alteración de las cosas por el solo hecho de su
desplazamiento, una heterogeneidad de las partes del espacio y de sus
dimensiones que dejan de ser sustituibles una por otra” (1948, pp12).
Habiendo sido dadas estas
consideraciones debe tenerse en vista como Merleau-Ponty pone en funcionamiento
nociones como esquema corporal, arco intencional, espacio corpóreo y demás,
para desbaratar la forma de entender el cuerpo desde el intelectualismo y el
intuicionismo, esto es, como partes extra-partes o esquema representacional. Al
buscar desprenderse de la metafísica tradicional, descubre la imposibilidad de reducir “el problema del
cuerpo” a un esquema corporal concebido como contenidos de conciencia como a
movimientos mecanicistas nerviosos.
Ahora bien, la espacialidad de
situación es la que refleja el envolvimiento reciproco entre las cosas y mi
cuerpo pero que no por ello coloca al sujeto en el medio del mundo fundiéndolo,
ya que “la palabra aquí, aplicada a mi cuerpo, no designa una posición
determinada […] sino la instalación de las primeras coordenadas, el anclaje del
cuerpo activo en un objeto, la situación del cuerpo ante sus tareas.” Merleau
Ponty, habla de una zona de “no ser- ante la cual pueden aparecer unos seres
precisos, figuras y puntos”, allí el cuerpo puede ser una “forma”, en cuanto
estaría polarizado por sus tareas, esto significa que “existe hacia ellas, que se recoge en si mismo para alcanzar su objetivo”
(1945,pp-117). En consecuencia, la crítica por cercanía que traía Barbaras se
borra aún mas, en cuanto vemos una designación del sujeto con su cuerpo situado, en un sentido
positivo, dado que refiere a una relación del cuerpo con los objetos exteriores
y un sujeto que se recoge a si mismo para tender hacia sus tareas, de modo que
“ lo establecido, las tijeras, los pedazos de cuero, se presentan al sujeto
como polos de acción, definen con sus valores combinados una cierta situación abierta”.
De esta manera, no coincidimos con
Barbaras, en cuanto “la situación espacial está subordinada a una situación
ontológica” (2008, pp-90), esa manera de entender la pertenencia en
Merleau-ponty nos lleva a entender al cuerpo como una cosa más entre las cosas,
donde la relación de contigüidad espacial con los demás entes resulta una relación
de disposición espacial, una homeomeria. La cercanía irremediable del sujeto al
mundo se vería agravada por una falta de diferencia de ambos términos. Creemos
que la espacialidad de situación inaugura la entrada al mundo táctil que exhibe un género de tercer orden, mas social e
ideal que matematizable y geométrico, que patentiza los hilos intencionales con
el mundo que abriga el sujeto en si mismo ya siendo para-otros. En respuesta a Barbaras, “
Merleau- pontys ontology is an ontology of immersion, of connivance, of
acquaintancé.” (2020, pp-9).
La situación no estaría subsumida a la
situación ontológica dada por la contigüidad espacial dado que “[…] la física
de la relatividad confirma que la objetividad absoluta y ultima es un sueño,
mostrándonos cada observación estrictamente ligada a la posición del
observador, inseparable de su situación, y rechazando la idea de un observador
absoluto” (1948,pp-16). De modo que podríamos encontrar en la noción de
situación un análogo de lo que es la perspectiva, que en el marco de la
fenomenología encarnada no puede más que situarnos en todos y en ningún lado,
lo cual abona una lectura perspectivista, pero no anónima o tacita como
interpreta Barbaras.
El lector podrá colegir las
indistinciones que le señala Barbaras a Merleau-ponty , no obstante, no debe perder
de vista que el sujeto esta en las cosas pero no son las cosas, por otra parte,
las cosas, las tareas y proyectos que nos rodean nos constituyen en un sentido
casi absoluto, la necesidad de pensarnos desde todos lados y desde ninguno
ofrecen un marco perspectivista “abismal”, en nuestras propias palabras. La
lectura de Barbaras es pertinente pero no pueden reducirse a un sujeto absoluto
que constituye el espacio mediante operaciones cognitivas o intelectuales, en
cuanto las críticas de Merleau-ponty al intelectualismo y al intuicionismo ya
son una expresión del rechazo de un sujeto constituyendo la experiencia de cabo
a rabo.
En contraposición a aquella división
entre sujeto empírico y sujeto trascendental que Barbaras exacerba debemos
entender que , nuestras relaciones con
el espacio no son las de un puro sujeto desencarnado con un objeto lejano, sino
las de un habitante del espacio con su medio familiar , en consecuencia creemos
que considerar el planteo del de Rochefort en base a una ontología de la muerte
es injusto, como consecuencia, sostenemos que la encarnación de la conciencia no implica una
desencarnacion del cuerpo. Prueba de ello son los casos analizados por
Merleau-Ponty como el caso Stratton exhiben distintas modulaciones de la
percepción y del movimiento en el sujeto, a partir de la inversión del campo
perceptivo. En dichas descripciones experimentales al sujeto le adviene la
incapacidad de moverse o realizar acciones espontáneamente a lo que no tiene más
opción que esperar horas para dar lugar a un nuevo acostumbramiento a la
nueva situación. En efecto, en el caso Schneider el enfermo experimenta los
movimientos como un resultado de la situación (1945,pp-122).
A este respecto
¿la espacialidad de situación soluciona las críticas por lejanía del sujeto que
señalaba una in-distinción entre el sujeto y su existencia? ¿Asimismo la
espacialidad de situación y la posibilidad espacializante del sujeto pueden
proto-figurar la pertenencia tal como la entiende Barbaras, esto es, como un
emplazamiento ora como arraigo ontológico, constitutivo? El asidero a las críticas
de Barbaras pero a su vez la clarificación de las mismas, ¿no abre la
posibilidad a pensar un entrelazamiento
entre las nociones de Barbaras y las de Merleau-Ponty?
Dichos
interrogantes nos movilizan a considerar los aportes más recientes de Barbaras
al problema del cuerpo y su inscripción del mundo, dado que abonan nuevas
perspectivas para pensar la pertenencia. En una conferencia del 2019 titulada “du corps a l’appartenance” presenta su propuesta orientada a la necesidad
de una ontología cosmo-fenomenologica.
En su reconstrucción
vuelve revisar el camino trazado por aquel impulso trascendental que supuso el
cartesianismo, el cual inauguró, a juicio de Barbaras la eclosión de diversas
tentativas que conducen a la indivisibilidad de la experiencia que encuentra su
fundamento en el dualismo ontológico en
efecto heredado por la fenomenología histórica, allí también entraría la
reflexión Merleau-pontyana.
Para Renaud
Barbaras la única manera de pensar el cuerpo es a partir de la exterioridad,
pero sin salir de esa exterioridad. La carne ofrecería las coordenadas exactas
del problema en cuanto esta referiría a que la exterioridad es de tal manera
que contiene la posibilidad de su propia fenomenalizacion. De esta manera, el
cuerpo desde la ontología de la muerte es el punto de cruce en el que la exterioridad
se involucra para apartarse de ella misma y aparecerse.
A partir de allí,
Barbaras propone una epoche respecto del cuerpo (2019,pp-54) que
consideramos necesario revisar a nivel metodologico[5].
Si la epoche supone un primer momento de
la reducción, como un momento negativo y como un cambio de actitud práctica,
como se supone que se pone entre paréntesis el propio cuerpo de quien hace una
descripción fenomenológica, en tanto ser
en el mundo y del mundo nos
constituye? Habría que entender esta epoche barbarasiana como una mera noción
conceptual y no como traspaso de la ingenuidad a la actitud trascendental? ¿O más bien como un proceso abstractivo
donde se ponen en suspenso la corporalidad como una trascendencia inmanente?
Atendiendo a la
primera sección de campo fenomenal y a la corporalidad de la cual nos habla
Merleau Ponty en FDP, el cuerpo es aquel por
qué mediante el cual el campo fenomenal deviene trascendental y la
conciencia deja de ser una región particular del ser para mostrar la identidad
del exterior en el interior. Mientras que la propuesta de Barbaras tiene como
punto central “mostrar que la
pertenencia no compromete la posibilidad de hacer aparecer el mundo, sino que
la potencia fenomenalizante de los entes es proporcional a la profundidad de su
pertenencia”, de modo que la correlación entre ser sentido del mundo y ser
sentido del sujeto que se confundían en la obra de Merleau-Ponty para Barbaras
no parecen en esta instancia tan problemáticos.
En un sentido,
podemos pensar que la espacialidad de situación no soluciona las críticas en la
medida que la situación es de un espíritu constituyente que sintetice esa
indeterminación espacial, por fuera del pensamiento geométrico y matematizante.
Por otra parte, puede que prefigure la pertenencia en cuanto la situación
refleja el condicionamiento de la potencia de la inscripción del sujeto que a su
vez representa la capacidad de fenomenalizar lo propiamente dado. Pero por otra
parte, es necesario remarcar que la situación permite dar con un ámbito
objetivo que nos permite hablar de cierto asubjetivismo en la medida que los
fenómenos vienen recomendados por si mismos y que hay, como Merleau-Ponty
expresa en su análisis de la profundidad en la sección de espacialidad de FDP
un “sentido disperso por los fenómenos” (1945,pp-278). Con esto último nos
referimos al horizonte ganado por la reflexión Merleau-pontyana, la cual, como
deseamos mostrar, no hace del yo un último fundamento, sino que reconduce la
fenomenalidad a una dación anterior a la manifestación del fenómeno para ese
ego.
Creemos que
puede rastrearse constantemente en
Merleau-Ponty la existencia de un ámbito asubjetivo fenoménico, tal como
detectó Jan Patocka al identificar la necesidad de una fenomenología asubjetiva
en su interpretación de Husserl. Incluso creemos que debe ser un punto a tener
en cuenta, la manera en que Merleau-Ponty tematiza la situación y lo que
expresa el fenomenólogo checo en interioridad y mundo, este último expresa:
“con el hecho de que la vida en temple se encuentra entre las cosas, con el
hecho de que se templa en ellas, nace la situación
que naturalmente se distingue de las meras constelaciones objetivas. Mientras
que es posible pasar por alto esta constelación, la situación es en esencia
inescrutable, in-objetiva” por ello, continua Patocka: “Cada tentativa de pasar
por alto la situación es solo un momento de la situación, no sale de sus límites,
como sería necesario para la totalidad de la objetivación. No es posible
librarse de la situación, solo es posible pasar de una a otra, inducir una en
la otra, deslizarse de una a otra, aun cuando sea algo fácil, afable, estable,
requiere una resolución- en donde se muestre la situación como un tramo del
concepto más fundamental y global de camino
que es la vida..[..] . Mientras que Merleau-Ponty afirma “El mundo situacional
es el mundo originario” y que el “ser es
sinónimo de estar situado, de ser en situación” (1945,pp-267).
En consecuencia
no solamente puede pensarse la situación
como un ámbito originario sino también como el faro que ilumina el camino de síntesis
entre el planteo Merleaupontiano y de Barbaras a la luz de la reconstrucción en
este trabajo, en la medida que la situación muestra los significados irradiados
desde los objetos con los cuales nos relacionamos a partir de nuestras nociones
preliminares como así también el acontecimiento del surgir del mundo.
Con el objetivo
de nutrir las presentes disertaciones hay unas distinciones que establece
Barbaras respecto a la pertenencia, la cual “no puede más que significar más que
una modalidad de ocupación del lugar, que es al mismo tiempo una modalidad de
constitución” (2019, pp-58) que tiene como reverso el grado de fenomenalidad,
donde nosotros, seres humanos, seriamos los entes privilegiados. Además
distingue entre tres sentidos de pertenencia,
a saber: ser en el mundo, ser del mundo y ser para el mundo (2019,pp-61).
El ser en el mundo referiría a nuestra
ocupación en un emplazamiento, a la situación misma del ente en tanto ente, que
podría referirse a un sitio, que no
es reductible a la espacialidad. El correlato de la exterioridad, nuestro ser del mundo refiere a un suelo, lo
cual podría equipararse al tejido fenoménico con el cual están hechas las cosas
y nosotros, a la carne como la interpreta Barbaras. En este sentido el suelo seria nuestro acceso al mundo pero
que no por ello refiere a una relación de continente-contenido, sino más bien a
un sentido ontológico, por ultimo distingue el lugar referido al ser para el
mundo y que refiere a un habitar o participar, pues refiere al acto de
fenomenalizar el mundo.
Las
conclusiones generales de esta segunda parte parecen indicar que la espacialidad de situación solucionan las
críticas de Barbaras respecto a la cercanía y a la lejanía que introducía el
concepto de Carne. Asimismo podríamos
pensar que protofigura la pertenencia tal como la interpreta Barbaras, en tanto
considera que existe una relación proporcional entre la capacidad de
fenomenalizarse y el grado de pertenencia. No obstante, es imponente recalcar
la trama entretejida en torno a la pertenencia y las modulaciones de esta en
cuanto al sitio, el lugar y el suelo que realiza Barbaras en sus últimos
aportes.
Aun así,
consideramos fructífero para la tarea fenomenológica pensar cómo se juega la espacialidad de situación en otras
modalidades de espacialidad como el espacio en los sueños, el espacio del arte,
las danzas y el espacio que nos rodea en todo momento como un espacio de
configuración. Es aún más imperante considerar dicha noción en el marco de la reversibilidad, en efecto, creemos que
en el marco de la situación se juega una percepción del todo que se manifiesta
inacabadamente en la irradiación latente de los objetos que configuran
inevitablemente la identidad y el cuerpo del sujeto. Estar frente a las cosas y
a las tareas, estar en ellas, conforma un espacio de habitualidades que
extienden el ser mismo del sujeto.
Veremos en la
tercer parte como se juegan estas disertaciones en el marco de la mundificación y el fenómeno de reversibilidad que tratan
respectivamente Merleau-ponty y Barbaras, para pensar el fenómeno como
acontecimiento de sentido, como una emergencia propia de la manifestación que
no se reduce al sujeto pero que sin embargo no lo excluye en su dación.
Tercer parte- la
reversibilidad y la mundificación como acontecimientos de sentido.
Hasta aquí,
hemos introducido someramente las figuras tanto de Merleau-Ponty como de Renaud
Barbaras, teniendo en cuenta las críticas que hiciera el segundo al primero
tomando como eje la lejanía y cercanía que introduce la noción de Carne. Dichas criticas constriñen el
planteo Merleau-pontyano a una división entre sujeto empírico y trascendental
que introduce una división en la experiencia que obliga una conciliación entre
una dimensión inmanente y un ámbito trascendente.
Luego, hemos
demostrado que la espacialidad de situación
abre un campo táctil que a fuerza de
patencias y latencias referidas a las cosas a las tareas y proyectos desestima
la división entre un sujeto empírico y un sujeto trascendental, lo cual fuerza
a considerar la unidad de la experiencia en base al emplazamiento del sujeto
que inaugura una espacialidad imposible de considerar como partes extra-partes
o como un resultado sintético del sujeto.
A partir de
ello, hemos señalado la posibilidad de considerar la espacialidad de situación como una primera formulación de la pertenencia
en los últimos aportes de Renaud Barbaras, donde el ser-del- mundo confluye con
el ser-en-el-mundo y ser-para-elmundo, que habría sido avizorado por
Merleau-Ponty en Fenomenología de la
percepción y que asimismo, fungía como clave de comprensión para la
dirección que toma la reflexión en Lo
visible y lo invisible.
Ahora bien, en
cuanto a nuestro objetivo general se trataba de considerar al fenómeno como
acontecimiento de sentido, para dirigir la mirada hacia el fenómeno de mundificación y el fenómeno de reversibilidad que Merleau-Ponty menciona
en Lo visible y lo invisible.
Habíamos recalcado
como taxativamente Merleau-Ponty anuncia la auto-configuración del espacio en
sus análisis de la profundidad y la magnitud aparente, donde la síntesis y la
percepción venia “recomendada por los fenómenos”. A estos efectos, ¿es posible
considerar el envolvimiento situacional del sujeto desde una perspectiva
acontecimental bajo el fenómeno de la reversibilidad por la carne del mundo? ¿A
su vez, esta reversibilidad que es siempre situada puede extenderse hacia el
fenómeno de la mundificación Barbarasiano?
La situación
como situs podría retrotraerse al
problema del lugar, una cuestión que ya había sido tratada por Aristóteles en
el libro V de la Física, estableciendo allí algunos de los problemas que surgen
de considerar el “donde”, en cuanto a si este existe o no, de qué modo es el
mismo y que naturaleza tiene. De haber
un espacio universal, el estagirita asegura “si así fuera, el poder del lugar sería
algo maravilloso, anterior a todas las cosas; porque aquello sin lo cual nada
puede existir, pero que puede existir sin las cosas, seria necesariamente la
realidad primaria; pues el lugar no se destruye cuando perecen las cosas que
hay en él”.
El problema del
lugar, de la situación, como situs,
parece radicalizarse en la trama de lo visible y lo invisible donde se anuncia
que no estamos entre las cosas, sino en las cosas. La distancia irremediable
del sujeto al mundo merece ser tenida en
cuenta en tanto se considere la radicalidad del problema relacionado con la situación
del sujeto. Merleau-Ponty afirma “ la relación entre las cosas y mi cuerpo es
decididamente singular: este hace que, en ocasiones, me quede en la
apariencia[…]” y continúa afirmando “ el produce el alboroto de las
apariencias, y también el las hace callar y me arroja de lleno en el mundo”.
Pero esa situación,
ese donde, es más que las cosas, -como
decíamos- son tareas y proyectos, existe un “espacio y un tiempo sociales,
según un código social y, finalmente, como símbolos más que como causas”,
horizontes de comprensión relacionados en sentido centrípeto y centrifugo con
las cosas y nuestros proyectos, en definitiva el mundo. Por consiguiente “no se trata de poner la fe perceptiva en
lugar de la reflexión sino, por el contrario, de hacer valer la situación total, que implica remisión
entre una y otra” (1960, pp-43).
La intuición
que guía la reflexión Merleau-pontyana puede clarificarse en sus propias
palabras de la siguiente manera: “Mi acceso a un espíritu universal por la
reflexión, lejos de descubrir finalmente lo que soy desde siempre, está
motivado por el entrelazamiento de mi vida con las otras vidas, de mi cuerpo
con las cosas visibles, por el recorte de mi campo perceptivo con el de los
otros, por la mezcla de mi tiempo con los otros tiempos.” , de este modo
continúa ,“Si por la reflexión yo finjo encontrar en el espíritu universal la
premisa que desde siempre sostenía mi experiencia, solo será olvidando quizás
ese no-saber del comienzo que no es una nada, que tampoco es la verdad
reflexiva, y de lo cual también hay que dar cuenta”, por ello, “Yo no pude
cuestionarme el mundo y los otros, y tomar el camino de la reflexión, sino
porque primero yo estaba fuera de mí, en el mundo, junto a los otros, y a cada
instante esa experiencia sigue nutriendo mi reflexión. Tal es la SITUACION
TOTAL de la cual una filosofía debe dar cuenta. No lo hará sino admitiendo la
doble polaridad de la reflexión y el hecho de que, como decía Hegel, entrar en
si es también salir de sí.”(1960, pp-54)
En el inicio de
El entrelazo-el quiasmo Merleau-Ponty
insta a la filosofía a “instalarse en un lugar donde ellas aún no se
distinguen, en experiencias que aún no hayan sido “trabajadas”, que nos ofrecen
a la vez, desordenadamente, el “sujeto” y el “objeto”, la existencia y la
esencia. (1960, pp119) . De modo que la unidad de la experiencia sustentada en
la metafísica especular de la carne se deja ver en la situación del sujeto en tanto, “lo visible alrededor de nosotros
parece descansar en sí mismo”. Cabe traer aquí una mención del filósofo en
torno a los quale, donde le adjudica
a dicha noción una “existencia
atmosférica”, que refuerza la idea de pensar a la unidad fenomenológica como
ampliada a su ámbito de donación., por ello “la visión es palpación por la
mirada” (1960, pp-122), la distancia no es otra cara de la proximidad, la
distancia es en la proximidad y lo lejano somos nosotros.
Desde estas
coordenadas debemos considerar la encarnación del sujeto, la encarnación de las
cosas a partir de la reversibilidad, como una sublimación o producto de la
profundidad performada por la situación del sujeto. El estallido de la
subjetividad hacia las cosas, definen una “visión general y un estilo constante
de la visiblidad del que yo no puedo deshacerme”, expresa Merleau-ponty, el
espectáculo propio que tenemos de nuestro cuerpo es tan ajeno como el que
pueden tener los demás, que no es más que “dimensiones de visibilidad típicas”,
de modo que, continúa,:” en la articulación del cuerpo y del mundo opacos, hay
un rayo de generalidad”.
En torno a la
reversibilidad afirma “que es una reversibilidad siempre inminente y nunca
realizada de hecho” de tal suerte que resulta necesario dotar el producto de la
situación espacial como un acontecimiento de sentido (1960,pp-133), tal como
sostiene Vanzago “ Reversibility names the complex structure presiding over
each single experience. Each act of touch or vision is also a passive endurance
of being touched or seen. For Merleau-Ponty (following Husserl), perception is
not the pro-jection of a separated sub-ject towards an object, but rather the
intertwining of two instances of the same flesh, and the institution of a
separation (the subjective side, the objective side) that is not an ontological
gap, but the articulation of a difference within the general
"elementality" of the flesh itself (2017,pp-15).
El fenómeno de
la reversibilidad instaura una temporalidad, una “distancia” que no refiere a
una desencarnacion del cuerpo en cuanto el percibir del mundo es el propio
percibir, sino de un emplazamiento radical en la situación total. El cuerpo es aquello que se experimenta a sí
mismo, y tal como las otras cosas, desde dentro de la experiencia, en un campo
fenomenal, tal como en el ejemplo de la señora con el sombrero o el ciego con
el bastón, el cuerpo franquea sus propios límites al entablar una relación de
familiaridad con las cosas: cuerpo y cosas se desvelan y co-implican
mutuamente.
En línea con
Luca Vanzago, la reversibilidad trata de un proceso de institución donde el Ser
se cristaliza a sí mismo, con la peculiaridad que dicho proceso la subjetividad
adviene, se da forma a sí misma en este proceso. De modo, que el sujeto termina
siendo el reverso del Ser, no en cuanto subjetividad trascendental que
constituye el fenómeno sino más bien como campo trascendental. Esta relación
entre sujeto y objeto, la cual es diferenciada, tiende a disolverse a sí misma.
Como afirma Vanzago se trata de una “clase de espontaneidad”, que no es el
reverso de la pasividad, sino un aspecto de ella entre tantos (2017,pp-44). Si
bien ha de encontrarse allí ciertas paradojas, tales como las que Barbras
señala en su propia reconstruccion, es el aspecto del fenómeno como
acontecimiento de sentido lo que deseábamos señalar en primera instancia
respecto a la reversibilidad.
Teniendo en
cuenta la trama que se entreteje en esta descripción fenomenológica de la
reversibilidad a partir de la encarnación del sujeto, el cual emerge
diferenciándose de las cosas por los grados de fenomenalidad, el fenómeno de mundificación merece ser considerado
como una respuesta a este problema a la capacidad fenoménica en situación, en el ahí mismo.
En efecto, en
sus últimos aportes Barbaras propone mostrar como el tratamiento de los
movimientos de la existencia por Jan Patocka, ofrecen las coordenadas para
pensar la manifestación de una manera dinámica, de allí la posibilidad de
considerar dicho planteo desde una perspectiva del fenómeno como acontecimiento
de sentido, más aun si recuperamos la preocupación patockiana en cuanto al aparecer en cuanto tal.
Ciertamente, pensar la dinámica de la manifestación
encuentra su fundamento en un movimiento radical, donde también aparece la
figura de Aristóteles de fondo, en cuanto el estagirita habría avizorado un
alcance ontológico del movimiento. Aun así, Barbaras va más allá que Aristóteles
y que el mismo Patocka, al considerar que el movimiento no solo es la
posibilidad de las cosas, sino la condición de ser de estas, esto es, lo que
las mantiene en el ser.
De esta manera,
la mundificación sería el
advenimiento de la esa physis como
acontecimiento, “lo que podríamos llamar un movimiento de mundificación, en el
sentido de que es por él que sobrevienen los entes que componen un mundo. El
mundo es a la vez la fuente o la potencia (mundo mundificante) y su resultado,
en forma de una multiplicidad fluyente de entes inacabados (mundo mundificado)”
(2011, pp-53)
Por otra parte,
la mundificación reviste un carácter negativo o de individuación respecto a la
trascendencia, en tanto “el proceso de mundificación es un proceso de
individuación, y en el que la salida fuera del fondo es el acceso a una forma
de unidad, que se hace posible el aparecer subjetivo propiamente tal como
aprehensión del objeto según su principio de unidad, es decir, la síntesis.” (2011,
pp-56).
Seguida a la
cita anterior, Patocka menciona la posibilidad de pensar esta mundificación a
partir de síntesis materiales. A estos efectos, la physys que ofrece para pensar Barbaras, ¿puede relacionarse con el
infinito de Anaximandro según la interpretación aristotélica, esto es como un
infinito indeterminado y material? Los debates en torno a la composición del
espacio, las partículas y electrones dificultan la limitación entre lo espacial
y lo material.
Asimismo, esa
salida del fondo que supone la mundificación, ¿no pueden pensarse como el
situarse del sujeto? ¿No podría pensarse a la fenomenalidad como aquello que en
una situación X se mundifica? La descripción fenomenológica es interesante
al desarticular la concepción estática de la dación de los fenómenos, pero los
fundamentos motivacionales de esa salida del fondo ¿cuáles son? Acaso el
intercambio energético con nuestro entorno no son una condición de posibilidad
imposible de ignorar si los que hacemos fenomenología somos nosotros? Nuestra situación
total, económica, histórica y social, confluye en nuestra situación corporal,
de modo que la capacidad de fenomenizar es también efecto de nuestra educación
en universidades prestigiadas, de nuestro dialogo con la tradición y los
filósofos, ignorarlo es también un recorte de la situación. Lo que sucede en la
fenomenalidad o al hablar de ella es la eclosión mundificada de una situación
total.
Conclusiones
Las
conclusiones deberían pensarse una vez que nos hemos situado. La figura de
Barbaras es una de las filosofías hoy por hoy más relevantes de la lengua
francófona y por otra parte, ha revitalizado el estudio sobre la obra de
Merleau-Ponty, como asimismo de Jan Patocka. Creíamos necesario reconstruir de
manera ecuánime, un trasfondo claro para pensar las críticas que le señalaba
Barbaras al concepto de Carne Merleau-pontyano. La lejanía y la cercanía
igualmente radicales que nos pone en y frente al mundo resultan borradas al
considerar la espacialidad de situación como aquel ámbito en el cual las cosas
adquieren el poder reversible de la carne, el recorte del mundo es aquel que es
la situación de aquel que realiza una descripción fenomenológica, pero a su
vez, esa situación extiende sus halos de luz a la vida de este, a sus
condiciones materiales de existencia, a sus afectos y sus proyectos. De esta
manera, hemos demostrado que la reversibilidad podía pensarse como el resultado
del situarse radical del sujeto encarnado, que comparte una espacialidad
insustituible y oscura con el mundo, y que la mundificación podía pensarse como un “flesh out”, como un
encarnarse en la posibilidad, como una salida del fondo pensada a partir de
síntesis materiales, como consideró Patocka.
Por
último, hemos ampliado ambos fenómenos a su dimensión de dación, como una
posibilidad para instaurar una temporalidad acontecimental, que esquiva la
búsqueda por deducir la realidad de la conceptualidad como un gesto a apriorístico.
Luego de este trabajo nos resulta difícil pensar el espacio como una forma de
intuición que antecede a la experiencia o como un contenido de conciencia, en
cuanto somos del espacio y en el espacio, la síntesis de la profundidad es algo
que adviene en un tiempo imposible, los horizontes que nos encuentran son
profundidades absolutas en cuanto estamos en el medio del cosmos. A su vez, ir más
allá todavía parece referirse necesariamente a un mas acá, contrario a eso,
exhortamos a la fenomenología a pensar al sujeto imbuido en su situación en un
sentido radical. Si Merleau-Ponty nos compelía a tomar la noción de
horizonte husserliano en un sentido profundo,
nosotros proponemos entender el sujeto como situación, esto significa recortar
el universo a los contornos de las cosas circundantes, de las tareas y
proyectos que nos atraviesan, no virar a una cosmología que nos lleve a
especular más allá de lo inmediatamente dado.
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Vanzago,
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[1] La
tarea de hacer fenomenología en el marco que nos convoca hace necesario
considerar la acusación que lanza
Dominique Janicaud en cuanto al giro teológico de la fenomenología francesa,
señalando la importancia-la responsabilidad- alli de Marion, Merleau-Ponty y Michel Henry. La pretensión
por resolver los problemas en torno al lugar del sujeto y la fenomenología
subjetiva como últimos términos de fundamentación de la fenomenalidad, llevo a
dichos autores a replantear las bases metodológicas de la Fenomenología a
partir de incluir un dios ajeno a la fenomenología, de tal forma que, en cuanto
a nuestra posición, resulta problemático el incluir a todos los autores
franceses en el movimiento de dicho giro. Por otra parte, consideramos adecuado
hablar de una apertura a lo invisible en virtud de los intentos de dar con la
fenomenicidad o un aparecer en cuanto tal. Esto ha llevado a los fenomenólogos
a identificar la necesidad de una depuración de los supuestos subjetivos, razón
que ha llevado a plantear distintas figuras de fenomenalidad, como así también
revisiones a las principales nociones metodológicas y axiológicas de la
fenomenología como ámbito fundamental de investigación. Planteadas así las
cosas delineamos el camino de investigación hacia la tarea de determinar la
inclusión o no del Merleau-Ponty anterior a Lo
visible y lo invisible en dicho giro, por razones como por ejemplo la situación, el campo fenomenal, la
intencionalidad motriz, como así también la vida
como apertura a lo inaparente, en cuanto al carácter originario del vivir y su
presencia más allá como su latencia más acá, líneas de investigación que
desarrollaremos en un trabajo posterior. ¿Puede incluirse a Barbaras en la
apertura a lo inaparente tal como Heidegger, Marion?
[2]
Barbaras toma el término de “ontología de la muerte” de Hans Jonas en El principio vida, para hacer referencia
a la fuente de la cual dimanan el dualismo metafísico moderno y el gnosticismo
en su comprensión de la vida a partir de lo que esta no es. Se trata de una
lectura fenomenológica de la ontología bajo la cual se ha renunciado y elidido
el fenómeno intransitivo de la vida, colocando a los sujetos en una
trascendencia inerte que termina por constituir una negación de la vida misma.
Asi la muerte deja de ser una anomalía para constituirse en norma ontológica.
Lo que le interesa a Barbaras es conducir la vida en el marco de una existencia
y no continuar con una lectura de la vida por fuera de si misma. En relación a
la trama Merleau-pontyana Barbaras señalara una desencarnacion del sujeto en
detrimento de la encarnación de la conciencia.
[3]
Luego de terminar el trabajo sugerimos leer los primeros dos renglones de “el
entrelazo- el quiasmo, de lo visible y lo
invisible.
[5]
Una de las cosas que marcábamos al inicio del trabajo era la necesidad de
pensar la fenomenología en su momento francés, no solo por sus
implicancias metafísicas sino tambien
por las revisiones a los métodos fundamentales de la fenomenología. En este
sentido la epoche que propone Barbaras podría emparentarse con la reducción
como limitación, tal como la interpreta Javier San Martin, en el sentido que
quedan fuera de juego los juicios permeados por la ontología dualista y por
otro lado deduce el cuerpo a partir de la globalidad del todo, tal como
interpreta, Sophie Galabru en “renaud barbaras: la pertenencua. Hacia una cosmología
fenomenológica”. Por otra parte Barbaras en su fenomenología de la vida e, en la sección sobre El deseo como esencia del vivir, lleva a
cabo una epoche en la que deja fuera de juego la ontología de la muerte para dar con la esencia del vivir. Creemos que
estas dos opciones podrían ser dos líneas tentativas para clarificar que clase
de epoche lleva a cabo Barbaras.
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